Cada vez más, los consumidores eligen las instituciones con las que hacen negocios basándose en un conjunto de valores compartidos que perciben. Cuando se incumplen esos valores, el tribunal de la opinión pública es más costoso que cualquier multa que pudieran pagar a un regulador.
Según la encuesta Edelman Trust de 2020, solo el 56 % de los consumidores considera que los servicios financieros son fiables. Y aunque la confianza en las instituciones financieras ha aumentado del 44 % al 56 % en los últimos ocho años, el 52 % de los consumidores sigue creyendo que las instituciones financieras se aprovecharían de ellos si pudieran.
Esto se debe, en gran parte, a los escándalos financieros y las crisis que siguen afectando al sector. Pero la mejor manera de ganarse la confianza de un empleado o consumidor es sencilla y previsible: ser digno de confianza.
Nos enfrentamos a un momento en el que la toma de decisiones éticas y las estrategias éticas ya no solo suenan bien, sino que son necesarias para crear equipos de cumplimiento sólidos y organizaciones más rentables que puedan adaptarse rápidamente al cambio. Lo que siempre hemos esperado parece haberse confirmado: existe una relación entre lo que es ético y lo que es más conveniente.
Promover el cambio desde dentro hacia fuera
Los profesionales de la ética y el cumplimiento normativo se encuentran en una posición única para impulsar el cambio desde dentro, gracias a la autoridad y la urgencia que les confieren su experiencia con los cambios normativos y su mandato de mantener a su organización al margen de cualquier problema.
Pero una empresa ética no se forma simplemente a partir de políticas sólidas y normas estrictas, sino que requiere una cultura empresarial ética que comience desde arriba. En casi todos los escándalos financieros, el problema no se debió a la falta de buenas políticas, sino a que estas no se aplicaron.
Un informe de la consultora LRN sostiene que es la cultura empresarial la que crea una empresa ética, y no solo las políticas: «La cultura ética de una organización determina si sus normas y procedimientos se cumplirán, se ignorarán o se eludirán, independientemente del grosor del reglamento».
Por este motivo, la ética y el cumplimiento normativo están cada vez más interrelacionados. El cumplimiento normativo ya no consiste solo en marcar una casilla para satisfacer a un regulador. ¿Cómo mitigar realmente el riesgo derivado del incumplimiento? Hacer lo correcto, lo ético, debe convertirse en una parte inherente de la cultura empresarial.
La ética y el cumplimiento normativo como ventaja competitiva
Según el informe de LRN, cuando los líderes equilibran los riesgos de cumplimiento que surgen en la búsqueda de nuevos negocios:
- Los empleados son 4,3 veces más propensos a cuestionar las decisiones cuando entran en conflicto con los valores de la organización.
- Los empleados son 3,8 veces más propensos a hacer lo correcto, incluso si no les beneficia personalmente.
- Los empleados son 3,2 veces más propensos a expresar su opinión o a hablar abiertamente, incluso delante de sus superiores.
Porque la cultura ética, y solo la cultura ética, cataliza el comportamiento ético. Al sentar las bases para una cultura ética, no solo se reducen los riesgos y los costes asociados al incumplimiento, sino que también se reduce el riesgo reputacional de ser considerado poco fiable y, a su vez, se gana la confianza de los empleados y los consumidores, así como una ventaja sobre la competencia.
