El comportamiento ético y conforme a las normas depende de una cultura empresarial ética: una cultura en la que los empleados cuestionen las decisiones cuando entren en conflicto con los valores de la organización y den su opinión cuando se enfrenten a dilemas morales.
Aunque tal vez no sea posible fomentar la toma de decisiones éticas sin contar con líderes éticos, es necesario contar con procesos éticos y medidas tecnológicas significativas que los respalden para que las «acciones éticas» sean conformes.
Sin procesos repetibles, escalables y sensatos para supervisar el cumplimiento, las acciones dirigidas a tomar decisiones éticas pueden resultar inútiles. En otras palabras, ni el liderazgo ni los procesos pueden producir por sí solos las acciones correctas; ambos dependen el uno del otro.
Para que las empresas puedan crear una cultura ética y conforme a la normativa, los valores de la empresa no pueden limitarse a estar expuestos en las paredes, sino que deben formar parte del ADN de la empresa. Esto significa que los líderes de todos los niveles deben fomentar unos altos estándares y la responsabilidad hacia la justicia.
Pero para que estos principios se conviertan en algo natural, deben incorporarse no solo a las actitudes de los líderes, sino también a los procesos que garantizan su cumplimiento. Según el Informe de Compliance Week sobre ética y cumplimiento, «debe existir un enfoque de arriba abajo y de abajo arriba en materia de ética, garantizando que en toda la organización existan procesos para educar, comunicar, enfatizar y adoptar un comportamiento ético».
Si los directivos exigen a sus empleados que evalúen con honestidad si puede existir un conflicto de intereses, pero no proporcionan un proceso definido para llevar a cabo una revisión de los conflictos de intereses o no logran infundir confianza en ese proceso, entonces el liderazgo no es suficiente. El liderazgo debe ir acompañado de procesos sólidos y de las tecnologías necesarias para respaldarlos, a fin de garantizar una cultura de cumplimiento significativa que asegure la toma de decisiones éticas en toda la empresa.
Los procesos más sencillos permiten una ética más sólida.
¿Es fácil activar el proceso para solicitar una excepción a una política? ¿O es que un empleado tiene que pasar una hora buscando a la persona adecuada del departamento de cumplimiento normativo a la que enviar un correo electrónico? ¿El departamento de cumplimiento normativo facilita a los directivos la notificación de un conflicto de intereses? ¿O es que hay que enviar por fax un formulario en papel a algún sitio para que luego se archive manualmente?
¿Los nuevos procesos tardan meses en implementarse con la participación del departamento de TI y otros tres departamentos? ¿O puede un nuevo proceso ser implementado por unas pocas partes interesadas clave y ponerse en marcha en la empresa en una semana?
La mejor manera de tomar decisiones éticas con facilidad no requiere ser un genio. Facilita los procesos. La tecnología es un componente clave para empoderar a las organizaciones a fin de que puedan aportar madurez y visibilidad al desempeño de sus programas de ética y cumplimiento.
Cuando los empleados ven que los valores de su empresa se reflejan no solo en palabras, sino también en estrategias a nivel corporativo, como«establecer objetivos de ingresos y prioridades de calendario para evitar incentivar conductas indebidas», esos empleados se vuelven más propensos a actuar de forma ética. Y cuando esos empleados disponen de medios sencillos y fáciles de usar para realizar un seguimiento de sus preguntas sobre el cumplimiento normativo o los procesos, se sienten empoderados por su empresa para actuar de forma ética.
El marco adecuado fomentará el cumplimiento.
La tecnología puede determinar el éxito o el fracaso de los esfuerzos de una organización por instaurar procesos éticos coherentes que, en última instancia, contribuyan a impulsar la actitud cultural de la organización hacia la ética y el cumplimiento normativo.
Como es de esperar, nada funciona por sí solo. Una cultura empresarial que promueva la toma de decisiones éticas debe funcionar a pleno rendimiento. Debe tener en cuenta todos los aspectos de la cultura, desde las personas hasta los procesos y las tecnologías, y todos los aspectos del ciclo de vida de los empleados, desde la contratación hasta la formación, pasando por la remuneración y las evaluaciones.
Pero una vez que se establece el marco y todo está en su lugar, la toma de decisiones éticas es segura.
